jueves, 30 de mayo de 2013
Guardé esa rosa en un viejo libro que encontré en un lugar abandonado, un lugar donde no tenían cabida los rayos de luz ni el aire para respirarte, hacía mucho frío en aquellas noches de lluvia, entre aquellos muros olvidados que habían oído miles de gritos y llantos. Entre la tiniebla me abría paso, junto a un candil que dejaba entrever aquel viejo libro polvoriento, lo abrí y volví a ver de nuevo aquella rosa. Todo había cambiado, los pétalos derramaban gotas de sangre, ya que se estaba apagando rápidamente mi vida en ti, en tus pensamientos de cada día. No podía perder más tiempo, tenía que hacer algo para poder sanar esa rosa que moría por momentos, tiñendo de rojo cada página escrita del libro, un libro que podríamos llamar nuestro y que arrojamos al fuego borrando todas las cenizas.

Cynthia Mosate

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